miércoles, 26 de agosto de 2015

Rio no es Rio.

Día dos. Mayo 6.


Me adapto. Todo se trata de perder el miedo. Me decía, ya estoy aquí, ese fue el paso más difícil, ahora se trata de conocer, de socializar, de evitar pensar en qué va a pensar el otro de mí, de hablar en un inglés-portugués-español muy malo pero hablar. Justo me encuentro en la sala común del hostal junto con otras siete personas y no me atrevo a iniciar una conversación. Todos es sus celulares o viendo la televisión, tampoco es que ellos intenten iniciar una plática. Siento que no encajo. Claro que si alguien se acerca y me pregunta algo no correré a mi habitación. Trataré de que el miedo no me controle.
Mi día fue increíble. Rio es una ciudad que me sorprende cada vez. Pero llegué a la conclusión de que he vivido engañado. Sé que hay mar porque lo he visto en fotografías y películas, también lo sé porque lo vi cuando aterricé un día antes, pero aún no lo he visto en vivo. De no ser por estas certezas no pensaría que fuera una ciudad con playa y mar; sin estas imágenes en mi cabeza, lo único que podría indicar la condición de playa sería la humedad que se percibe. Según me dijeron, el calor es agradable en esta temporada, porque en diciembre y enero, en pleno verano, es desquiciante.
Hoy fui al centro histórico de Rio y lo vuelvo a escribir, no veo ambiente playero por ningún lado. Recordar que es miércoles y los cariocas están en plena semana laboral. Todo es muy cosmopolita, muy citadino. La gente no anda en shorts, con sandalias y playeras. Visten ropa fresca pero nada de playa. También mucha gente viste de traje, de forma muy ejecutiva. La arquitectura de esta zona tiene algo de Cuba, ciudad que aún no visito pero que así la imagino: colonial. Aunque también es ecléctica. La avenida Rio Branco, que tuve la oportunidad de ver desde el autobús el día que llegué, presenta edificios modernos pero con estos detalles clásicocoloniales -si es que esto es posible.
El centro es un lugar bien bonito, me gustó bastante. En cada calle algo por visitar y conocer. Iglesias, iglesias, algunos murales urbanos en los muros, más iglesias, edificios históricos, edificios modernos. Visité la Biblioteca Nacional, linda por dentro y por fuera; el Museu Nacional de las Belas Artes, que no me encantó arquitectonicamente, pero encontré una exposición interesante de arte contemporáneo -Apreensões e Objetos do desejo: obras doadas pela Receita Federal ao MNBA-, con piezas de artistas como Anish Kapoor y Antony Gormley, y su colección permanente de pintura brasileira, decir que en este espacio descubrí a un pintor brasileño que se ha convertido en mis favoritos por su técnica y obras, Almeida Júnior (una foto abajo muestra su pintura Fuga para o Egito); y el Paço Imperial que es hermoso, actualmente un centro cultural pero construido como residencia para el rey de Portugal cuando llegó a Brasil en el siglo XVIII. A decir verdad mi visita fue un poco superficial, me di el tiempo de ver, caminar, recorrer, pero, aunque todo está muy cerca y se puede hacer una ruta a pie muy accesible, hay mucho por ver y el tiempo vuela, además pretendía regresar antes de las seis de la tarde, que era cuando oscurecía.





Revisando mis notas de viaje anoté una cosa que ahora me da risa, pero en su momento me causó nostalgia. Cada que encontraba la palabra saída -salida en español-, recordaba a mi sobrina en México, porque meses antes de llegar a Brasil ella jugaba conmigo y me hacía preguntas sobre cómo se decía tal o cual palabra en portugués, y la palabra que siempre me preguntaba, ella segura de la traducción, era salida. Ahora pienso que fue la palabra que más veces leí en todo el viaje. Siempre me sacaba una sonrisa.
Olvidé comentar que inicié el día tomando un baño, el calor en la noche fue insoportable. Desayuné papaya -mamão en portugués-, leche y pan de caja con mantequilla y mermelada de zarzamora, prácticamente este fue mi desayuno por cerca de 21 días y me acostumbré, al menos no quedé harto. El café da manhã -desayuno en español- se servía desde las ocho hasta las diez treinta, si no me equivoco. Terminé y me alisté para emprender mi día. Determiné la ruta a seguir y la hice con ayuda de la que fue mi amiga y salvadora por todo este viaje, la guía Brazil de Lonely Planet. Uno de sus contenidos es el City Walk, que realicé pasando por el Theatro Municipal, la Confeitaria Colombo y la Travessa do Comércio. Si bien estás guías tienen datos y elementos muy generales, son de gran utilidad y referencia. Sin ella me hubiera perdido la mayoría del tiempo.
Después de tanto caminar, porque todo ese día fue a pie, decidí comer. Busqué en la guía, que además de tener mapas y hablar de los espacios turísticos, presenta un apartado de dónde comer, incluso lo divide en lugares baratos y caros. Según yo el restaurante que elegí era de los accesibles y además quedaba cerca de donde me encontraba. El lugar: Cais do Oriente. Ambiente agradable, con un área abierta con luz natural, que fue donde comí, y el área cerrada con el bar a un lado. Muy recomendable. Fue mi primer y, esperaba en esos momentos, único lujo por los próximos veinte días. La comida muy rica. Probé ratatouille, que no sabe mal sólo que mis expectativas eran altas, generadas por la película animada del mismo nombre. En total fueron unos R $60.00, algo así como $300.00 pesos mexicanos. De verdad un lujo. Al pagar contemplé los billetes que traía; no me había dado la oportunidad de observarlos. Los hay de dos, cinco, diez, veinte, cincuenta y cien reales (estos últimos raros de encontrar por cierto), y son muy bonitos, tienen diferentes animales representativos del país.
Finalmente, al comenzar a oscurecer, me dirigí al que hasta ese momento se convirtió en mi lugar favorito en el mundo. Quizá exagere, pero quedé anonadado y no quería salir de allí. El Real Gabinete Português de Leitura. Es HERMOSO con mayúsculas. Es una biblioteca que cuenta con un acervo histórico importante y es la biblioteca que todo lector quisiera visitar o tener en su casa. Su arquitectura es apabullante. Es un lugar memorable, fabuloso, todos los adjetivos que transmitan un sentimiento de belleza y magnanimidad lo calificarían perfecto. En verdad quedé mudo.
Después regresé al hostal, según mis notas más o menos a las 18:30 hrs. Busqué a Felipe, el gerente y dueño del hostal, pero nuevamente no pude presentarme con él. Al final comencé a planear el día siguiente.



*Tips de viaje: La Biblioteca Nacional tiene entrada libre todos los días, sólo se necesita mostrar una identificación, en específico el pasaporte para extranjeros. El Museu Nacional de las Belas Artes tiene un costo de R $8.00 ($40.00 aproximadamente), pero recomiendo visitarlo en domingo, ese día no cobran la entrada. El Paço Imperial también es gratis.
El Real Gabinete Português de Leitura es visita obligada para los amantes del mundo literario y las bibliotecas, y de todo aquel que vaya a Rio de Janeiro. No hay excusa, es entrada libre.

Para una mejor experiencia lectora acompañe el texto escuchando Samba de Orly, interpretada por Bebel Gilberto. (¡Amo esa canción!) :D

viernes, 14 de agosto de 2015

Bem-vindos!

Día uno. Mayo 5.


La verdad tenía mucha fe en este día. Mi calvario comenzó unos diez días antes. Desde el 23 de abril intenté comenzar mi aventura hacia Brasil y nada que podía. Pero ese día fue diferente. Todo apuntaba para que la respuesta fuera positiva y me asignaran un lugar en el avión: martes, un día de la semana en el que nadie viaja, y además la temporada alta o vacacional ya había terminado. Sin embargo, no fue hasta que llegué a Rio de Janeiro que todo se volvió real; bueno no, creo que fue antes.
El vuelo salió el cinco de mayo pasado aproximadamente a las 00:45 horas. Mientras esperaba en la sala me solté a llorar. Un llanto de miedo, de ansiedad, de comenzar algo nuevo. Contesté mensajes, escribí adiós muchas veces, leía y releía las despedidas que algunas personas me escribían. Lloraba y lloraba. De pronto pensé que minutos antes mis padres me habían abrazado y besado por última vez quién sabe por cuánto tiempo, porque hasta ese momento no tenía certeza de cuándo volvería. No hubo llanto en ese instante, era más la emoción. Y entonces me dí cuenta que ésto ya había iniciado. Era yo contra el mundo.
El viaje no fue del todo malo. Viajé con Aeromexico y el servicio en general fue bueno. Cena y desayuno para no morir de hambre, personal atento, trayecto tranquilo, creo sin turbulencias. Pero lo mejor, a lo que llamé mi recompensa por esas horas de desvelo y nerviosismo acumulado, poder acostarme sobre los tres asientos de la fila -ya que el vuelo iba casi vacío y no tuve compañeros a mi lado-. Dormí la mayoría del tiempo. Tuve molestias estomacales controlables, relacionadas, creo yo, con el mar de emociones que tenía y que seguirían después.
El aeropuerto internacional de Rio, Aeropuerto Internacional de Galeão, no tiene nada de extraordinario -extraño, pero las grandes ciudades de Brasil tienen dos o más aeropuertos, uno para vuelos internacionales y el otro o los otros, para vuelos nacionales o para aviones de pequeñas dimensiones-. Lo hallé feo y sin chiste, tal vez se deba a que lo están remodelando para las olimpiadas del próximo año. He escuchado a mucha gente decir que los aeropuertos son feos; no estoy de acuerdo con esa opinión, pero éste sí me lo pareció. No tuve problemas con migración y el proceso fue rápido. Tomé un ônibus que me llevó al centro de la ciudad (R $15.00. La moneda de Brasil es el real y equivale, más o menos, a $5.50, pesos mexicanos). El aeropuerto está algo lejos de la zona turística, el trayecto duró unos 40 minutos. El tránsito es infernal.
A primera vista, desde la ventana del autobús, Rio me pareció una ciudad bohemia. Pero también percibí un aire de crisis, la noté desordenada, aunque qué ciudad no lo es. Recordé ciertos paisajes urbanos que he visto en la ciudad de México donde los techos de las casas se ven coloreados de blancos asbesto y negros rotoplas, tinacos viejos y nuevos. En Rio el color es el azul, el azul Fortlev (empresa brasileña de tinacos). Lo poco que vi me agradó.
El autobús recorrió la avenida Rio Branco, donde bajé a la altura del metrô Cinelândia. Días antes había revisado en internet qué camino seguir una vez que estuviera en el centro, pero una cosa es ver el mapa en google y otra muy diferente ver las calles en vivo y por primera vez. Sabía que me encontraba cerca del hostal donde viviría por 22 días, y conocía la dirección que tendría que tomar, pero no sabía para dónde moverme. Mi referencia eran los Arcos da Lapa (se pueden observar en la fotografía de arriba), pero no los veía por ningún lado. Fue cuando decidí preguntar a alguien. En una esquina encontré una escuela de música y a un guardia en la entrada. Pregunté en español por la calle: Rua Francisco Muratori. Creo que me entendió un poco y él a su vez le preguntó a otra persona. Hablaron entre ellos y me dieron las indicaciones. Entonces pensé, Dios mío, el portugués es más difícil de lo que creía. Recuerdo que en el avión escuché algunas conversaciones pero fue en esa situación que me topé con pared.
Caminé un poco más y llegué a una estación de información turística. Pregunté a un señor que estaba ahí y me dijo exactamente cómo llegar, todo en inglés, y no fue nada difícil. Alrededor de las 16:00 horas llegué a lo que fue mi hogar durante tres semanas: el mejor hostal de Rio, Books Hostel. Pregunté por Felipe Barbosa, la persona con quien me contacté desde México para poder trabajar con ellos en el hostal, pero no estaba, regresaría hasta el siguiente día. Me atendió un chico buenísima onda, que días después supe que se llamaba Ben. Me llevó hasta la habitación donde me quedaría, un cuarto con tres literas, pero que hasta ese momento sólo cuatro personas ocupaban. Mi litera sería la del final, del lado derecho en la parte de arriba. Me mostró el hostal de forma general, lo necesario para familiarizarme con el lugar. Me instalé y bajé a la terraza/bar -mi habitación se encontraba en el segundo piso-. Pedí la contraseña del Wi-Fi y me contacté con algunas personas de México y con Félix Luna, un artista y amigo mexicano que ahora está viviendo en Rio.
Aproximadamente a las siete de la noche salí a caminar un poco. Me sorprendí de lo pronto que se oculta el sol, aunque después pensé que era normal, el horario de invierno estaba en ese momento -cuando es primavera en México o en los países de la parte superior del ecuador, en Brasil y en los países de la parte inferior es otoño-. Mi caminata duró unos cuarenta minutos y fue más una exploración. Me sentí un tanto seguro, siendo un pseudo carioca -así se les llama a las personas originarias de Rio de Janeiro-, pero también tenía algo de temor. Antes de llegar a Brasil escuché tantas cosas de Rio, y una de ellas fue que era una ciudad altamente peligrosa; tenía que estar alerta, no quería comenzar mal el viaje. Aunque también pensaba que la gente a veces puede ser muy alarmista.
Llegué a los arcos nuevamente, ahora vistos con luces artificiales y el ambiente nocturno: en la gran plaza encontré a un grupo de personas que tocaban tambores y otros instrumentos musicales. Se escuchaba, en definitiva, un ritmo brasileño, pero no sabría decir cuál, sonaba como si fuera capoeira. Los Arcos da Lapa fungían como un acueducto que abastecía a la ciudad en la época colonial. Según Wikipedia, están integrados por 42 arcos y conecta, a través de un tranvía eléctrico (bondinho), a Lapa con Santa Teresa, dos barrios muy pintorescos y populares en Rio. Es un lugar bonito e imprescindible en una visita turística, sin embargo, los encontré descuidados y la zona desolada, aunque después descubrí que no era el mejor día de la semana para recorrerla.
La gente que veía en la calle me pareció una mezcla cultural interesante pero extraña a la vez, que sin duda le da identidad a la ciudad. Es una identidad multicultural, donde las pieles negras y blancas se mixturan. Paseando comencé a tener hambre, pero estaba indeciso entre comer o no. Al final decidí no hacerlo y creo que mi estomago lo agradeció, continuaba acostumbrándose a esa experiencia.
Regresé al hostal decidido a tomar un baño y a dormir. Y así lo hice.


Para una mejor experiencia lectora acompañe el texto escuchando Let Me Take You To Rio del soundtrack de la película Rio, interpretada por Ester Dean y Carlinhos Brown. :D

miércoles, 14 de diciembre de 2011

Juego de Tronos





Terminé de leer este apasionante y magnifico libro uno de la serie Canción de hielo y fuego de George R. R. Martin. Me ha gustado mucho y esto por muchas cosas que valdrá la pena detallar. Comenzaré diciendo que este libro ya tiene tiempo en el mercado, desde 1996, pero que ahora se ha puesto de moda por la serie que está basada en esta historia, serie estrenada este año por HBO. Cuando supe que la serie, viendo los primeros cuatro capítulos, estaba basada en un libro decidí dejar de continuar con la historia de la serie televisiva y rápido traté de conseguir el libro. Y creo que fue una buena decisión hacer esto.
Hay tantas películas que se han basado en libros y esto es muy interesante, porque en mi caso, me acerca a los textos antes que a lo filmado, y no porque sea un completo ñoño que quiere primero leer y luego ver, lo hago así porque creo que un libro te ofrece una visión totalmente distinta que una película o una serie, la experiencia cambia.
En el caso de Juego de Tronos, el motivo que me hizo correr a leer el libro fue el realismo que se le impregno a la serie y pensé si realmente eso estaba plasmado en el libro, y no me fallo. El libro es un tanto largo, pero se lee velozmente, los capítulos, contados por personajes protagonistas del libro, son muy cortos y se disfrutan mucho. La primera característica que me agradó del libro es que cada personaje es importante, claro que están mis favoritos como Daenerys o Sansa, y esto por la identificación con esos personajes, pero cada uno tiene algo que contar, es como si el autor no existiera, éste se ve sobrepasado por sus propias creaciones.
La segunda característica es la inventiva de mundos y de situaciones que son muy originales. Existen comparaciones con El señor de los anillos o incluso Las crónicas de Narnia, sin embargo lo que la hace diferente es la realidad que plasme; Juego de Tronos es real en el sentido en que los personajes y sus vidas pueden lograr una identificación con el lector.
Otra característica importante, la más, es la capacidad de dar giros tan interesantes a la trama que el factor sorpresa es decisivo, no importa si el personaje es principal o no, si es bueno o malo, la historia no complace a nadie, ni el autor mismo se complace, la historia es como la vida misma, nunca estás seguro de nada, todo puede suceder. Eso es lo que más me gustó.





La serie, Games of Thrones, es muy fiel al libro, hay cosas que se modifican, ocasionado esto por la grandeza de su producción y el dinero que se ha invertido al proyecto, pero son detalles muy pequeños. Creo que hacerla en formato serie es más afortunado que en película, ya que la serie te permite extenderte hasta lo posible y respetar la historia, indicador, en este caso, de que cada parte, cada diálogo, es importante para la historia.
Lo único que no me gustó mucho, y sólo por poner algo negativo en esto, ya que no tiene mucho fundamento (¡ja!), es que no existe un tiempo claro, no hay una certeza de cuanto tiempo pasa entre cada cosa que se cuenta, y creo que es porque al enmarcar un tiempo real la historia perdería credibilidad; puede ser un argumento un poco tonto, pero que a mi parecer suena convincente.



En suma, es un buen libro, un buen inicio de la serie, y la primera temporada de la serie televisiva es excelente. Mi recomendación es ver la serie, y si realmente se está entusiasmado en la historia leer el libro, hay ciertas cosas que se puntualizan mejor en él.
Nota: El final es majestuoso, la reina es una maldita pero es un personaje muy interesante, y la historia de los dragones es fascinante, y en la serie no se toma tanta importancia a esto último.
La segunda temporada se estrena en abril del próximo año y yo estoy tratando de conseguir el segundo libro de la serie, Choque de Reyes.
Un saludo a todos y ojalá comenten qué les parece la serie, o el libro, o ambos. Gracias. Saludos

jueves, 13 de octubre de 2011

Matar a Johnny Fry.



Hace unos días concluí este libro que ya tenía tiempo había comprado, pero que no me había animado a comenzar su lectura. Creo que fue un error. Pero pienso que por algo sucedió que lo leyera mucho tiempo después, quizá un poco más maduro, y que esto hizo que el libro me enseñara cosas que no hubiera percibido en otras épocas.
Escrito por Walter Mosley, escritor norteamericano reconocido por la serie de novelas policiacas Easy Rawlins.
El título ya nos encamina a lo que leeremos, sin embargo existe otra premisa que no hay que perder de vista: es un libro con un alto voltaje erótico, según se lee al reverso del mismo. Suena tentador, y más para las personas que se interesan por descubrir otras formas de las temáticas sexuales, los escritos.
La historia va siempre al grano, es decir, tiene una línea narrativa muy concisa, a partir de una problemática central: la infidelidad, basada principalmente en el sexo. El cornudo, en este caso, es el protagonista de la historia: Cordell Carmel, un hombre que vive la monotonía de la vida como algo que se tiene que vivir. Un típico negro norteamericano cuarentón que vive inmerso en su trabajo, siendo un traductor de textos, y que es feliz con su novia, Joelle. Su vida se torna oscura cuando descubre a su novia en tremenda posición sexual con un hombre blanco, increíblemente apuesto, y que lo goza como nunca a gozado con él. Este hombre, como se han de imaginar es Johnny Fry. Es a partir de este acontecimiento que Cordell tendrá que hacer un balance en su vida y comenzar a replantearse qué será de él y su relación, enmarcado todo ello en una crisis existencial y de identidad personal, convertida después en una sexistencialidad.
La vida del protagonista, entonces, se vuelve totalmente un desastre, aunque sabiendo como era su vida anterior podemos decir que se vuelve mucho más interesante: sexo intenso y duro con un sin fin de mujeres, como nunca lo imaginó, sesiones de erecciones y orgasmos placenteros, búsqueda de los por qué de la vida, a través del sexo, y una película porno que tiene como protagonista a una mujer poderosa y controladora, Sysipha. Todo esto cambia su vida por completo.





Realmente esta novela es buenísima, la temática principal, la búsqueda de esa existencia en el mundo y un análisis de lo que podría ser un amor obsesivo le dan un toque contemporáneo y actual, problemáticas que se viven a diario en la sociedad, pero que estamos tan adentro de ella que no lo detectamos o no queremos darnos cuenta. El sexo juega un papel fundamental en la novela, ya que es a través de él que los personajes se abren y nos cuentan sus historias. "Dime como coges y te diré quién eres". Las escenas que se montan en el escrito son muy candentes, muy detalladas, explícitas incluso, y que son el hilo conductor para comprender qué piensan los personajes y cómo viven. Los personajes que aparecen en la novela se leen muy reales, es decir, puede ser cualquiera de nosotros el que se encuentre en las mismas situaciones; sus conductas, sus pensamientos, sus diálogos reflejan a la sociedad actual.
El final es algo memorable, creo que por esto vale la pena el libro, y no por ello estoy haciendo a un lado toda la historia que hay detrás, pero es que es una conclusión increíble, inesperada para el lector. Quizá lo único que observé un tanto raro, es que los lugares, los espacios, no son tan descriptivos, pero eso puede ser intencional, para motivar aún más a la imaginación.
Algo que me encantó, que no creo que el autor lo haya pensado, es que el texto tiene un alto lenguaje cinematográfico, cuando lo leí me imaginé perfectamente las escenas, los encuadres, las tomas, eso me pareció muy interesante, y ojalá algún director de cine se ponga vivo y lleve esta historia a las pantallas grandes. Yo estaría encantado
Ampliamente recomendable, con un lenguaje muy sencillo, vulgar y cochino, pero que sin esto no habría historia. Creo que les va a gustar a muchos, creo que a todos, el sexo es el verdadero protagonista y es imposible resistirse a ello. ¡Ja!
Saludos.


Tomer Hanuka. Playboy Magazine. Illustrating short fiction by Walter Mosley.

lunes, 26 de septiembre de 2011

Disney 2010!!






Fotos: Victor M. Araiza.

Adiós a los toros!

Prohibido por el parlamento, la fiesta de los toros dio su última presentación ayer en Barcelona. En mi opinión, pienso que es una medida justa pero mucho menos importante que otros asuntos, los cuales deben ser atendidos de forma inmediata y no se les da la relevancia que necesitan. ¿Ustedes que piensan?

Foto: Alberto Estevez. Tomada de Milenio Diario.

miércoles, 21 de septiembre de 2011

La fotografía

He decidido ser fotógrafo, y tomaré cursos y talleres y así. He aquí una foto que tomé en Oaxaca, a mi me ha gustado mucho, qué piensan ustedes. (?) Lo curioso es que la araña parece una calavera, y eso me encantó mucho más.